sábado, 19 de agosto de 2017

Ni un voto menos


Por Daniel Link para Perfil

El señor Leopoldo Moreau perdió la paciencia, con justa causa, cuando dos periodistas (Mónica Gutiérrez y Ramón Andino) lo interpelaron el lunes pasado con modales completamente fuera de lugar a propósito de la denuncia sobre la manipulación de datos en la provincia de Santa Fe y Buenos Aires en las PASO del domingo previo. “¿Y usted cómo sabe?”, lo interrumpía el Sr. Andino con los labios fruncidos de ira porque lo que Leopoldo Moreau estaba diciendo no admitía la menor contradicción: están los boca de urna, las mesas no contabilizadas, los videos tomados en el Correo Central, los porcentajes de diferencia de votos entre una fuerza y otra, adelgazándose hasta lo inconcebible a lo largo de una noche sin ninguna alegría, la investigación de Edi Zunino.
Por lo general no conviene pronunciar a la ligera enunciados como “neoliberalismo” o “prensa hegemónica” y, sobre todo, conviene desconfiar de quienes se presentan como extraterrestres recién desembarcados con un mensaje de paz y no como quienes gobernaron el planeta a su antojo durante doce años. Pero observar cómo los panelistas que acompañaban a los tres periodistas antes mencionados señalaban que el día después fue “una fiesta para los mercados” (porque no había ganado Unidad Ciudadana), y que nadie mencionaba la visita del vicepresidente de los Estados Unidos (bienvenido sea) ni el vencimiento de los 500.000 trillones de bonos que habrá que renovar el mismo día como causa de una maniobra que además de penosa, careció de toda capacidad para disimular lo evidente, daba (y seguirá dando para siempre) un poco de repugnancia, incluso a los votantes del FIT, que podrían estar festejando otra cosa.
Además de la complicidad de cierta prensa con las fantasías de poder de un gobierno que en definitiva se revela, por acciones como ésta, como carente de imaginación y fortaleza, no se entiende cómo se le regala al “enemigo” la oportunidad de un señalamiento de semejante importancia: amañar una elección (por más que se trate de unas primarias que poco significan en cuanto a efectos reales sobre la representación parlamentaria, porque para eso hay que esperar hasta octubre) equivale a reconocer el propio fracaso en relación con las fuentes del poder económico-financiero a las que se intentó seducir vanamente y que, en un rapto de delirio autoritario, reclamaron más. Y les dieron más: contra la transparencia democrática, la opacidad del fraude.


lunes, 14 de agosto de 2017

Escándalo: el manejo “a lo AFA” de Cambiemos que no cambia nada

por Edi Zunino para Noticias

El chiquitaje político no tiene límites. En una escandalosa manipulación de los tiempos y los datos electorales, el Gobierno planchó el escrutinio para que el escenario de triunfo oficialista a nivel nacional quedara plasmado. Fue una escenificación que, con CFK ganadora o empatando sería más difícil instalar. Un relato.
Los responsables políticos directos de la maniobra fueron el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; el Correo en manos del ultramacrista Jorge Irigoin (histórico de SOCMA), el ex director nacional electoral hasta 2015, Alejandro Tullio, y la polémica empresa española INDRA, que maneja los escrutinios provisorios desde 1997, trabajó para todos los gobiernos desde entonces y soporta graves sospechas de corrupción en su país de origen.

El Gran Buenos Aires (también el Gran Rosario) fue el centro de la falta de información, sobre todo el populoso municipio de La Matanza. En las dos horas posteriores a que Macri escenificara su rutilante triunfo, la brecha entre los candidatos M y K se redujo de casi 7 a casi cero.
¿Hacía falta semejante desatino? ¿Cambiemos cree que así cambia algo?
El kirchnerismo había abierto el paraguas durante la última semana y en el inicio de la jornada electoral sobre el proceder de los nombrados más arriba. Hasta esta noche, el problema era también de ellos: convivieron con Indra y Tullio durante más de una década. Se ve que conocían de antemano (¿y en beneficio propio durante la “década ganada”?) sus supuestos malos procederes.
Cristina se victimizará con el despropósito con el mismo derecho que Cambiemos podía haber exhibido un triunfo a nivel nacional en buena ley. Se consolida la grieta. El negocio de ambos, en definitiva. Que cambió, pero apenas de gerentes. No de escrúpulos escasos.






sábado, 12 de agosto de 2017

Nudo en la garganta


por Daniel Link para Perfil

Tres circunstancias hacen de Manifesto (2015) una obra singular: la experiencia de las vanguardias históricas y las neovanguardias del siglo XX (del dadaísmo a Fluxus y la Internacional Situacionista), la extraordinaria cualidad actoral de Cate Blanchett, que no le hace asco a nada y los paisajes la mayoría de las veces sobrenaturales de Berlín y su entorno inmediato (la luz septentrional, los bosques, la arquitectura).
Manifesto será exhibida en su formato “Instalación” a partir del sábado 26 de agosto en Fundación Proa. Pero es también una película dirigida por Julian Rosefeldt (estrenada en Sundance este año). En los dos casos, Cate Blanchett desempeña trece papeles (un linyera, una coreógrafa de vanguardia, una maestra de primaria, una periodista de televisión, una marionetista, una viuda reciente, etc.) que le permiten decir, en situaciones típicas para cada uno de esos caracteres (un ensayo de ballet, una clase, un entierro, la plegaria antes del almuerzo) fragmentos de manifiestos clásicos, desde el célebre Manifiesto comunista (1848) de Marx y Engels (“todo lo sólido se desvanece en el aire”) hasta las “Reglas de oro de la cinematografía” (2004) de Jim Jarmusch.
El collage resultante es inquietante y desolador, porque nos devuelve palabras sobre la necesaria destrucción del arte para la construcción de una vida totalmente nueva y porque lo hace a través de los comportamientos más estereotipados (desde lo físico hasta lo verbal). Como si la protesta no alcanzara a transformarse en grito.

*

Los manifiestos políticos y estéticos tienen un valor en si mismos, independientemente de las realizaciones que luego se verifiquen. Representan, por decirlo de algún modo, una línea de demarcación de lo que ya no puede tolerarse más, de lo que se pretende inventar, de lo que se aspira o se sueña.
Por lo general entendidos como programas de acción (política o estética), los manifiestos son, sin embargo, mucho más que eso, precisamente porque lo "programático" muchas veces se resuelve en la adaptación de un mero impulso utópico, distópico o atópico a las condiciones reales de existencia. 
Un poco por eso, las vanguardias históricas demostraron su carácter aporístico, los callejones sin salida con los que se encontraba cada vez que intentaba articular el "fuera de tiempo" propio del manifiesto con la historicidad propia de la práctica (política o estética). 
Por supuesto, los grandes ideales de la vanguardia (decirlo todo, continuidad entre el arte y la vida y el arte al alcance de todos) siguen brillando con su propia belleza, pero es poco lo que de ellos podrá encontrarse en un museo o una muestra retrospectiva, porque de lo que se trata es del grito primero que quiso decir "basta".
Cate Blanchet es de una ductilidad actoral que ya ha demostrado varias veces (fue Katharine Hepburn y también Bob Dylan, fue la villana de Indiana Jones, una elfa, y también Blanche Dubois). Pero es esa misma ductilidad la que vuelve un poco irrisisoria su relación con los fragmentos de manifiestos que en Manifesto dice, precisamente porque los vuelve verosímiles, es decir: adecuados a situaciones que reconocemos, cuando en verdad son palabras que quieren decir lo desconocido, lo impensado, lo nunca imaginado previamente.
Pronunciar las palabras de la vanguardia política y estética desde un lugar que no es de vanguardia, pero que tampoco es demasiado experimental en ningún otro sentido. Eso es lo que hace Manifesto y en ese gesto encuentra, al mismo tiempo, su mejor brillo y su probable ruina. 


 

sábado, 5 de agosto de 2017

Libros abandonados


por Daniel Link para Perfil

Qué pocas reseñas de libros se escriben, y en qué soledad espantosa éstos quedan, abandonados a la enésima entrevista donde el autor (esa maldición que la escolástica francesa no fue capaz de conjurar del todo) tratará de insinuar lo que acaso el libro diga mejor y por si mismo si hubiera alguien dispuesto a escuchar el rumor que de él proviene y a situarlo, eso es la crítica, en el concierto de la música rota que constituye el horizonte acústico de nuestro tiempo.
Los suplementos literarios prefieren el anticipo (porque no hay que pagarlos) y a lo sumo una entrevista (preferentemente con foto de prensa suministrada por la editorial, para abaratar los costos). Privada de su costado más polémico, la literatura argentina se abandona a sus goces narcisistas y se vuelve cada vez más fantasmática, más ilegible, porque ya ni siquiera se sabe cuáles son las líneas estratégicas que habría que tener en cuenta en relación con este libro o aquel otro.
Edgardo Cozarinsky acaba de presentar En el último trago nos vamos, a propósito del cual fue convocado para decir las mismas cosas dichas en relación con otros libros y, se intuye, alguna que otra mentirilla agitada como carnada para ver si algún pez muerde el anzuelo.
El libro es notable por más de una razón: incluye ocho relatos, varios de los cuales pueden leerse como novelas condensadas (“deben” habría funcionado mucho mejor en un contexto en el que proliferaran las lecturas polémicas; la mezquindad del medio crítico obliga a una prudencia timorata). Es como si los relatos de En el último trago nos vamos se postularan como posibilidades de ficción (y, por lo tanto, de vida: “vida nueva” es un ritornello que se repite en el libro varias veces) y es por eso que desdeñan la compacidad del cuento en favor de la apertura de la novela corta (cuyos requisitos, sin embargo, tampoco se molestan en cumplir a rajatabla). Posibilidades narrativas o proyectos de historias que podrían escribirse: una literatura potencial llevada hasta sus últimas consecuencias. Eso nos regala inesperadamente, el “estilo tardío” de En el último trago nos vamos.
No importa que algún narrador confiese que prefiere internarse en las novelas del siglo XIX, y que del siglo pasado sólo se le anima a algunas anteriores a 1940 (p. 83), la posición desde la que se narra es de una modernidad para nada subsidiaria de esos realismos rancios y pasados, sino todo lo contrario. Protocolos de una experiencia posible, las novelitas condensadas del último libro de Cozarinsky se abren a concepciones de la ficción que se llevan bien con los momentos más experimentales del siglo XX.
Naturalmente, hay escenas de lectura diseminadas a lo largo del libro que apuntan en esa dirección. En el relato que da nombre al volumen, un personaje ejemplifica el “estilo tardío” a partir de las últimas sonatas de Beethoven, en las que “hubo una renovación enérgica” (p. 126). Por cierto, en esas sonatas, que también llamaron la atención de Thomas Mann, la incompletud es un rasgo esencial: es como si no tuvieran final porque se abren directamente al mundo. También la literatura de Edgardo Cozarinsky encuentra, cada vez, un escollo que supera con la elegancia que le es habitual para seguir proponiendo formas nuevas de relato y de ficción debidamente travestidas (no es casual que esa figura, la del travestismo, balice los caminos que los cuentos atraviesan).
El relato que abre el volumen, “La otra vida”, saludado justamente por Elvio Gandolfo como una obra maestra, es una novelita condensada y es una historia de fantasmas, pero es, sobre todo, algo que Cozarinsky hasta ahora no había hecho: es un ejercicio de realidad alternativa que debe más a la ciencia-ficción que a los autores evocados en los epígrafes que enmarcan el relato e, incluso, debe mucho a la imaginación esquizo-paranoide del siglo XX, pletórica de complots y asociaciones secretas (de Burroughs a Pynchon).
No importa tanto el lugar imaginario que Cozarinsky elige para sí mismo. Los extraordinarios textos que nos regala están allí, y están allí para que se los lea. La crítica cotidiana no debería renunciar a ese privilegio.


jueves, 3 de agosto de 2017

Ya me cansé....

Que los libros los escriba otro. Yo me dedico a gatear:


video


lunes, 31 de julio de 2017

Dicen que...

La lectura: una vida...

por Pablo Díaz Marenghi para ArteZeta

Daniel Link es una de las voces más lúcidas de la crítica literaria contemporánea. Impacta por varias razones: una formación interdisciplinaria, un fuerte compromiso político por la igualdad en todos los aspectos, un involucramiento en el campo del conocimiento no sólo en las altas esferas de la Academia (Filosofía y Letras, CBC UBA, Joaquin V. Gonzalez, Gino Germani), sino también en el barro de la escuela secundaria. Es un apasionado por la crítica literaria aunque también por la ficción. Un trabajador editorial arduo, aprendió de Daniel Divinsky, en De La Flor, encargado de la curaduría de la obra de Rodolfo Walsh. En La lectura: una vida… (Ediciones Ampersand) abre el placard de sus memorias que aún están siendo contadas, las ordena y las expone con la prestancia de un docente. ¿Dónde radica el valor agregado de esta obra? Funciona como un itinerario de formación, citas e influencias para cualquier apasionado por la literatura. Además, atraviesa con fuerza a cualquier estudiante de alguna carrera humanística y a cualquier docente que intente contagiar con rabia esa misma pasión que Daniel Link contagia en las páginas de este libro. 


sábado, 29 de julio de 2017

Calidad de vida


Por Daniel Link para Perfil

La recepcionista del hotel montevideano es argentina. Está contenta de haberse mudado con su novio y sus tres gatos hace nueve meses. La razón principal fue la calidad de vida, dice. Nada que ver con Buenos Aires. Las cinco personas que se están registrando y que viajaron juntas a un congreso asienten con tristeza rioplatense. Salieron de Buenos Aires el viernes, llegaron al puerto de Montevideo, llamaron un uber que los dejó en el hotel de Punta Carretas en quince minutos, por las Ramblas, un paseo célebre por su belleza.
El domingo por la noche, al llegar al puerto de Buenos Aires llovía descaradamente, los autos se amontonaban sin ton ni son en la terminal portuaria y había muy pocos taxis. Los que consiguieron uno, tuvieron que musitar el destino. No todos fueron aceptados (“no voy para ese lado”). Los afortunados que pasaron la primera prueba se enfrentaron con una segunda: “Hasta ahí son 300 pesos” (un viaje normal habría costado como mucho cien). Pagaron sin chistar y volvieron a preguntarse por qué la ciudad de Buenos Aires avalaba la mafia de los taxistas, que cobran lo que quieren y maltratan al pasajero.
El sistema de transporte de Buenos Aires y su área metropolitana es desastroso: el cambio de horario de los subterráneos nunca se concretó y los alumnos que terminan de cursar materias a las once de la noche no pueden usarlos. Además, como la ciudad es cada vez más compleja, resulta que no alcanzan a llevar a nadie a ningún lado. Algunos soñaron en voz alta con la estación Buquebús, la estación Aeroparque, la estación Ciudad Universitaria, la estación Cid Campeador. Para qué... Aquí todo lo arreglan con un cantero para conformar a otra mafia, la de los colectiveros. “Somos rehenes”, dijeron, “de una forma de liberalismo que ni siquiera se acerca al de Chile”. Santiago tiene 96 kilómetros de subterráneos y 101 estaciones. Buenos Aires, apenas 53,9 km y 86 estaciones. 


miércoles, 26 de julio de 2017

Luis Petri: "¡¡¡¡¡Esta noche.... esta noche!!!!!"

Y sí, esta noche Luis Petri la pone...


martes, 25 de julio de 2017

Dicen que...

Una pedagogía afectiva

por Alan Ojeda para Golosina Caníbal

Hace unas semanas presencié una discusión en torno a los dichos de un escritor sobre “X” libro. En esa discusión, uno de los participantes dijo: “Juzgar un libro es juzgar una vida”. No creo que nadie lo haya entendido como un postulado biograficista. Por el contrario, creo que todos los que presenciamos la discusión pensamos, automáticamente, en los libros leídos, en el tiempo dedicado, en la disposición del cuerpo y el espíritu al escribir, en las elecciones tomadas, en definitiva, el paso de vida impreso en la obra. Todo aquel que haya dedicado la vida a los libros, si mira atentamente, podrá observar a su alrededor una vasta red de amistades, anécdotas, experiencias decisivas y amores. Ese es el caso de La lectura: una vida… (Ampersand, 2017) de Daniel Link. 

(¡gracias, Alan y Matías!) 


Muy pronto...



sábado, 22 de julio de 2017

Una pista para Maduro


Por Daniel Link para Perfil

Si tuviera domicilio en la provincia de Buenos Aires, su voto en las elecciones próximas tendría que inclinarse en favor del oficialismo, pero la ciudad de Buenos Aires le ahorrará ese agrietamiento de conciencia.
En menos de dos años, el barrio donde pasa la mayoría de sus fines de semana, escuchando los delirios narrativos de su madre, ha crecido mucho más que en los ocho años previos de gestión sciolista e incluso más que considerando los períodos de gobierno de Carlos Ruckauf y Felipe Solá. En suma, ha habido más transformaciones estructurales en los dos años últimos que en los previos dieciseis.
En primer lugar, el asfalto a cuatro carriles de la ruta provincial 24 y el tendido de fibra óptica desde Moreno hacia Rodríguez por la calle Carola Lorenzini. En segundo término, las fuentes de trabajo que sus hijos critican con el sarcasmo propio de los jóvenes como el avance del capitalismo global: una estación de servicio, un supermercado, y ¡una hamburguesería!, todo a quince minutos a pie de su casa. A diez minutos en auto (que en medidas suburbanas se traduce en “a dos puentes”), una sucursal del banco donde le depositan el sueldo, con cajeros automáticos que expenden dinero y en los que se pueden depositar cheques). Pronto, anuncian, el barrio se enriquecerá con una pizzería nueva y un restaurante especializado en milanesas. Para entonces ya habrán llegado las calles asfaltadas, las cloacas, el agua corriente, la escuela nueva.
Hablando de narraciones delirantes, su verdulero lo pone a prueba: en K41 van a poner también una agencia de Hotesur, con un pedacito de glaciar para que visiten los pobres. Y su madre sostiene que la ruta asfaltada encubre una pista de aterrizaje desde donde despegarán los aviones que Argentina, aliada con los Estados Unidos, mandará a Venezuela para derrocar al régimen de Maduro.
Definivamente, aquél es su lugar real e imaginario en el mundo.



jueves, 20 de julio de 2017

Vivita y coleando





CBC

por Daniel Link para Código Frontera

Recientemente fue publicado La lectura: una vida (Ampersand 2017),  un libro donde Daniel Link* repasa su biografía a través de aquello que lo ha atravesado desde su infancia: los libros. En ese tour de force nos topamos, entre otras cosas, con su paso como profesor de la materia Semiología en el CBC, una etapa decisiva en su trabajo como docente. A continuación, con permiso del autor, les ofrecemos un fragmento del capítulo.

*

8.El Ciclo Básico Común. Leopoldo Sosa Pujato, Elvira Arnoux.

Vuelvo a 1982. Cuando yo todavía no trabajaba en Ediciones de la Flor, Delfina Muschietti comenzó a dar clases en un profesorado privado de la calle Montevideo. Entre sus compañeros de trabajo estaban Renata Rocco-Cuzzi, Elvira Arnoux, Leopoldo Sosa Pujato. Por Renata Rocco-Cuzzi (quien años después se convertiría en pariente temporaria nuestra, gracias a una relación amorosa con el hermano de Delfina, Ulicho) conocí a Mónica Tamborenea, la protagonista de la novela de Matilde Sánchez, El desperdicio, a Adriana Rodríguez Pérsico, a Raúl Antelo, A Matilde Sánchez.

(...)

 

El oficial Copi


Por Daniel Link para Anfibia 

Si bien Copi ya había sido representado en un teatro oficial (una palabra en desuso que hoy ha sido reemplazada por la más ambigua “públic@”), la llegada al Cervantes de Eva Perón, su pieza más emblemática (aunque seguramente no la mejor) marca un antes y un después no solamente en relación con el reconocimiento del talento monstruoso del mejor dramaturgo argentino de todos los tiempos sino en relación con un puñadito de deudas que el teatro argentino había venido acumulando.

El alma y las formas A los argentinos, Copi les llega tarde, como la historia entera. Es muy probable que la responsabilidad sea del sentimiento peronista, que atrasa irremediablemente, y con el que Eva Perón, recién estrenada en el Teatro Nacional Cervantes, guarda una relación intensa y plagada de contradicciones. Copi nos llega una vez que el mundo entero ya ha comprendido las operaciones que propone y la grandeza del impulso que habita en su obra.
Hace veinte o treinta años, tal vez hubiera tenido algún sentido discutir si la pieza hiere “la fibra más íntima del alma peronista" como sostuvo con impecable retórica hegeliana Pablo Moyano y como ratificó inmediatamente la Juventud Sindical Nacional de la CGT a través de su secretario de Juventud y Protección de la Niñez, el aeronavegante Juan Pablo Brey, que encontró un respiro en sus anacrónicas protestas contra las aerolíneas de bajo costo para pronunciarse contra una pieza que, en relación con Eva Duarte, “representa una deshonra a su vivo recuerdo".
El alma herida del peronismo seguirá atormentándonos como un fantasma, con sus balbuceos de muerto-vivo y su incapacidad para salir del pozo de ignominia en el que se encuentra. No lo hará, sin embargo, a costa de Copi, que fue capaz de resistir con su propio cuerpo la fatwa que sobre su cabeza (y la de sus familiares directos) pronunció el peronismo en la década del setenta del siglo pasado, cuando la pieza fue estrenada por primera vez en París.
Con mis amigos”, rememora un peronista de fuste y hoy con gran predicamento, “salimos entonces a arrancar adoquines de las calles para arrojarlos contra las vidrieras de Renault y de Citröen”.
Eso también forma parte del archivo peronista, tanto como la imagen de Evita capitana, o la “mujer del látigo”, la ópera rock y las relaciones de poder de un coronel del ejército (luego general) con la masa peronista que, en el momento en que consideró que un rostro la sintetizaba, comenzó a perder su potencia revolucionaria, poco a poco.
Si Arkhé es tanto origen como mandato, la arqueología que Copi practica cuando revuelve archivos patrióticos y memorias familiares para hacer su teatro, sus novelas y sus tiras cómicas, tiene una función desestabilizadora respecto del conocimiento y sus funciones institucionales. Es lo que últimamente se ha estabilizado bajo el nombre (un poco equívoco) de “anarchivo”. El anarchivo sólo puede ser un prototipo y por tanto es extitucional, mundano y provisional.
En Copi, la práctica del anarchivismo se toca con una idea de teatro del mundo, que sirve como instrumento para proyectar las condiciones de posibilidad de lo viviente a un futuro siempre utópico o atópico, hiperespacial, monstruoso. Los saberes que produce su teatro son necesariamente subalternos porque participan antes de lo común que de lo universal.
Lo “público” es la expresión de lo que se diseña o propone para todos, lo común en cambio sólo puede existir en la medida en que se co-produce entre todos. Lo público supone una abstracción biopolítica como la que evocamos al usar la noción de ciudadanía (proliferativa, ciega, omnipresente y universalizante). Lo público esta habitado por normas, abstracciones y estándares. Lo común sobrevive entre minorías, resistencias y excepciones.
Lo que el teatro de Copi nos dio y nos sigue dando es la posibilidad de explicar lo que hemos vivido y sobre lo que nos faltan las palabras para decirlo. El acontecimiento peronista es, naturalmente, una de esas figuras obsesivas (para Copi, pero también para nosotros). Contra la imagen pública de Evita (ésta o aquella), Copi propone una acción común (que él llama, sencillamente, teatro) que desestabilice la imagen como cosa muerta, como predicado de un “alma peronista” inmortal y la pone a andar por el mundo.


Decir Copi
Dejemos las salpicaduras peronistas de lado, concentrémonos en Copi y su teatro.
Raúl Damonte Botana (1939-1987) fue el nombre civil de quien será será este año recordado a través de brillantes tesis de maestría y doctorado, libros, puestas en teatros oficiales y del circuito alternativo, muestras de obra gráfica en la Biblioteca Nacional (que estuvieron antes en otras partes del mundo, lo que constituye un acontecimiento planetario del que no podemos jactarnos demasiado todavía: nos cuesta abrazar la causa Copi y decir que él es el más grande entre los grandes y que, por él, estamos dispuestos a seguir adelante con la literatura, el teatro y las micropolíticas que sostienen lo viviente en su multiplicidad.
Mucho de lo que Copi produjo hoy ya no produce escándalo y está bien que así sea porque el escándalo no era el motor de su obra, sino apenas una herramienta para liberar las zonas más primarias de una imaginación cada vez más amortiguada por presión de la cultura y sus habituales vilezas. El teatro de Copi propone los parlamentos más difíciles de desempeñar y los diálogos más imposibles de decir porque todavía no hay una conciencia emancipatoria que permita comprenderlos del todo.
El encargo que el Teatro Nacional Cervantes (dirigido por Alejandro Tantanián) hizo a Marcial di Fonzo Bo, quien había desempeñado previamente una Evita que muchos recuerdan como memorable, incluyó El homosexual o su dificultad de expresarse y Eva Perón en una función doble.
Nada hacía prever que en el espectáculo brindado por el Cervantes, El homosexual... (cuyo texto es posterior al de Eva Perón, y mucho más complejo) ocupara el primer lugar, separada de Eva Perón por una performance bastante siniestra a cargo de Gustavo Liza, innecesaria, mal desempeñada y que perturba la comprensión de un universo que, si no se explicara por sí solo, menos lo haría a través del conjunto de indicaciones pedagógicas que decidieron incluirse en un montaje que no las necesitaba.
La escenografía de Oria Puppo para las dos obras es soberbia (mucho más elegante para El homosexual que para Eva Perón) y el vestuario de Renata Schuscheim adecuado en las dos piezas.
De la dirección general y la toma de partido habrá que hablar por partes.
El homosexual o su dificultad de expresarse dice, desde su título que parodia el título moralizante de las novelas de la Ilustración (Cándido o el optimismo, Justine o los infortunios de la virtud, Pamela o la virtud recompensada), algo que el texto de la pieza subraya: los nombres propios y las categorías son apenas el espacio de interrogación de una moral y de una ética. En el caso de Copi, se trata de una ética salvaje que desprecia todos los lugares comunes y se proyecta hacia un futuro donde no se sabe bien (y nunca se sabrá) qué asignación de género corresponde a determinados acontecimientos de discurso. Irina es presentada como una chica que vive en la estepa siberiana con su madre y que ha dejado de tomar lecciones de piano con la señora Garbo. A esos tres personajes principales se suman Garbenko y el General Pushkin. Entre todes, planean una huida hacia China.
En distintos momentos de la pieza, Irina aborta analmente, se quiebra una pierna, luego se mete un ratón en el culo (el episodio fue eliminado de la versión que se ve en el Cervantes, por razones inexplicables) y finalmente se corta la lengua.
De los tres actores principales de la puesta, descolla Hernán Franco en la piel de Garbo, quien junto con Carlos Defeo (que hace aquí el muy secundario papel de Garbenko y en Eva Perón el fundamental de la Madre) sostienen performances memorables y que, por si mismas, justifican el espectáculo entero.
Cualquier corte, en una pieza que fue concebida como una intervención cortante (respecto de todas las tradiciones y en relación con todos los archivos teatrales) resulta, en principio, sospechoso (sino abusivo). Mucho más si viene con añadidos incomprensibles como la cantante china que no consigue hacer su lip sync y que, en otras latitudes, habría merecido un unánime “sashay away”).
En la escena IX de la pieza, Garbo interroga a Irina y Hernán Franco aprovecha esos diálogos para ofrecer una performance memorable, precisa en cada uno de movimientos, angustiante en cada una de sus repeticiones y que, a través de un crescendo demencial, lleva a la platea al punto exacto de locura común que Copi había previsto. Es una pena que no se le dé al actor la posibilidad de recibir el reconocimiento (el aplauso) que se merece.
Después de un intervalo sobre el que nada puede decirse salvo la pena que provoca, Eva Perón se revela como otra cosa.
El extraño partido que el director tomó para el tono de la pieza la lleva al realismo trágico (también aquí hay agregados: retratos y gigantografías de Eva Duarte, un discurso radial de la líder). Si Benjamín Vicuña necesitaba de esa capitis deminutio de una pieza que habría funcionado mejor en un registro delirante, hay que reconocer que aprovecha la decisión del director y ofrece una Evita que, si no es la que se esperaba, es muy sólida y consistente. Aunque Carlos Defeo, como la madre, funciona como quien organiza todo el juego teatral (y lo hace brillantemente), Vicuña encuentra (antes con su voz que con su cuerpo) una Evita para salir del difícil paso en el que la producción lo ponía. Una vez más, los números musicales añadidos son incomprensibles e innecesarios.
Una Evita, hay que decirlo, hecha para el gusto del peronismo, que no es ni bueno ni malo sino, sencillamente, incorregible.
Que los líderes sindicales no hayan podido ver, en estos días, el homenaje que la puesta del Cervantes significa a uno de sus más fervorosos símbolos y que la haya considerado “una afrenta a los sentimientos de los más humildes” no habla mal de Copi, ni del Cervantes, ni de Vicuña ni de Marcial di Fonzo Bo sino de la conciencia peronista, ya abandonada incluso por su última figura trágica. 


miércoles, 19 de julio de 2017

domingo, 16 de julio de 2017

Dicen que...

La otra trama

por Diego de Angelis para Inrockuptibles (Buenos Aires: julio de 2017)



viernes, 14 de julio de 2017

Preguntan si...

Se chocan los planetas

Por Mariano López Seoane para Soy

Atesorado durante mucho tiempo como un nombre secreto, contraseña conocida solo por entendidas, el nombre de Copi empezó a diseminarse hace unos años y hoy, con el estreno de su obra Eva Perón, gana la centralidad y el brillo que le corresponde. Atenta a menudencias como el género y la vida privada del actor que compone a Eva, la prensa no especializada empezó a paladear este sobrenombre compacto, tan sucinto que sólo puede deber su existencia al artificio. Notas sobre la obra, discusiones sobre su misterioso signatario, reacciones alarmadas o tibiamente simpáticas. En suma, manoseo del nombre y circulación que no deja marca. Ojo. Esto no es protesta. Es necesario que el nombre de Copi se vuelva tan corriente como el de Borges y todos los demás. Pero es aún más necesario contar con la guía de un crítico loco, capaz de alcanzar las alturas de Copi sin apunarse. Es reconfortante saber que no tenemos que esperar la llegada de un Mesías. Ése crítico ya existe y se llama Daniel Link.


miércoles, 12 de julio de 2017

sábado, 8 de julio de 2017

Pan y circo


Por Daniel Link para Perfil

A la dueña del circo romano le dijeron que ya no podía poner a bárbaros de tierras lejanas a matarse entre si para regocijo de la plebe. Tampoco convenía que expusiera públicamente el gabinete de monstruos con el que ella tanto se regocijaba entre afeite y peinado. Esas curiosidades, que a ella la entretenían tanto, estimulaban su escasísima curiosidad porque las criaturas le parecían casi humanas y ella quería compartir su perplejidad con todos y cualquiera. Pero no, aparentemente se había impuesto una nueva antropología, derivada de la doctrina de la secta del pez, que pretendía proteger la vida incondicionalmente y en todas sus formas. “¿Todas?”, preguntó aspirando aire desde su boca hasta sus exhuberantes caderas. Sí, todas, le contestaron. Le rogaron que cuidara un poco sus intervenciones públicas y que, de ser posible, pensara antes de hablar no tanto en cómo la veían los demás sino en el efecto de sus dichos. “Un animal extinto no puede aparecer vivo”, le subrayaron, y la justicia por mano propia no está bien vista en el territorio del Imperio. Hizo mohines que en su cara encerada parecieron muecas.
Algo tenía que dar a cambio de todo lo que había obtenido de los seguidores de sus espectáculos. Ella se había enriquecido gracias a una fidelidad incondicional por parte de la plebe, que aprobaba todos sus caprichos. A cambio, ella les prometía cosas: amor, dinero (que en verdad nunca les llegaba en las cantidades esperadas), fantasías de progreso. Pero si le prohibían los monstruos, los combates a muerte, la propagandización de las armas y le reclamaban que se sensibilizara a la vulnerabilidad de las mujeres, ¿qué le quedaba? ¿Leer tratados filosóficos en alta voz?
“Celebremos la vida”, le dijo a sus colaboradores, “con una carrera”. Carreras de galgos, imposible. Las instalaciones no están preparadas para eso, le dijeron. Y además, las matronas van a poner el grito de “explotación animal” en el cielo. Bueno, que sea de infantes, propuso. Si son como animalitos, e incluso más adorables. El ganador se llevará grandes premios. Bah, sus padres, porque los infantes no son ni sujetos jurídicos ni hablan.
Eso sí, pidió la dueña del circo: no me dejen hablando a mí sola con articulaciones de pelotuda. Cuando aparezcan los bebés todos hablemos como los subnormales que creemos que son.
Por más que su carrera se acercara al ocaso, ella quería brillar hasta el último minuto. 




jueves, 6 de julio de 2017

Internacionau!




sábado, 1 de julio de 2017

Libre o laica


Por Daniel Link para Perfil

No tiene prejuicios contra Macri, y tampoco le gusta pronunciar la palabra “neoliberalismo” como si eso lo explicara todo. Pero ha analizado puntualmente algunas políticas y lo subleva el rumbo que va tomando la gestión de Cambiemos. No es sorprendente la antipatía que genera en casi todos los sectores.
Con las variables macroeconómicas no se mete, porque tendría que saber más para poder analizar esos asuntos con cierta autoridad, pero la microeconomía se acelera en una sola dirección: hacia abajo. En Educación, en Cultura, en Investigación, en Derechos humanos y en Salud, las políticas han sido más bien regresivas y sin hipótesis de futuro.
Ahora, acaba de leerlo y se le heló la sangre, la Comisión parlamentaria de Relaciones Exteriores y Culto tratará un proyecto de “ley de libertad religiosa”. Hasta donde él sabe, Argentina es un Estado más bien laico (aunque las personas tributen impuestos a las iglesias sin saber ni cuánto ni por qué y el Tedeum haya vuelto a la agenda presidencial). Si la intención es relegar las disposiciones del Estado que favorecen al culto católico para favorecer uno de corte pluriconfesional, se podría mirar con cierta simpatía un proceso que debería desembocar en un Estado absolutamente laico (para lo cual se impone una reforma constitucional). Pero mientras siga en vigencia la Ley Provincial de Educación 7546, promovida por el Sr. Urtubey en 2008, que ratificó la enseñanza religiosa en escuelas primarias públicas salteñas, no parece ser ése el caso.